Orar, rezar, meditar
Antes de comenzar a practicar meditación, me causaba intriga leer por ahí que varios personajes del mundo creativo habrían practicado meditación y expresaban haber obtenido beneficios por ello, me preguntaba cómo meditar había ayudado a estas personas en eso que habían creado. Basta con hacer una búsqueda pequeña en Google Scholar sobre meditación y creatividad para encontrar unos 13.000 artículos al respecto, suficiente para sospechar que algo de verdad deberá haber en esto de que meditar ayuda con las ideas. Por supuesto, no se necesita meditar para ser una persona creativa y hacerlo bien, seguro habrá muchos que no lo necesitaron y a la vez fueron muy buenos con sus ideas. Pero cuando hemos sido de aquellos a quienes las ideas no se les han venido fácil, pues no está mal intentar con algunas ayudas extra.
Una de las prácticas más comunes a la hora de buscar respuesta a las dificultades de la vida ha sido orar. Independiente de la religión o doctrina que se practique, hacer silencio y pasar unos minutos en quietud (o a veces realizando un acto repetitivo, como rezar los mil Jesuses o caminar en círculos en un salón -práctica budista-), es algo que los seres humanos hemos realizado quizás desde siempre. Orar, rezar, meditar, parece todo orientado a lo mismo, encontrar algo que no tenemos: una idea, una solución, tranquilidad, alivio, salvación o iluminación. Estas actividades tienen algo más en común, son actos que implican un esfuerzo similar con el cuerpo: permanecer en quietud o realizar un movimiento repetitivo a voluntad.
No poner la mente en blanco
No soy un gran meditador, escasamente logro permanecer meditando 30 minutos, en casos excepcionales, he logrado una hora o incluso dos. Pero estos pequeños momentos me han llevado a tener ideas que no imagino haber producido de otra manera. Antes de practicar meditación, escuché que meditar se trataba de poner la mente en blanco, pero esta idea solo produce frustración y confusión en aquellos que se acercan a la meditación. Si hay algo básico de la meditación es justo lo contrario, no poner esfuerzo alguno de control sobre el pensamiento, en cambio, dejar que ocurra lo que naturalmente venga al él, es decir, dejarse ser y no censurar las ideas que aparecen. Esto lo asemejo mucho a la psicoterapia, exponerse, ser lo que es, hablar de lo que se siente, «de lo que se te ocurra» dirían los psicoanalistas; si una idea no se va, dejar que no se vaya, si se queda, pues que se quede todo el tiempo que quiera. Incluso, muchas veces experimenté la sensación, al final de la meditación, de que había transcurrido algo parecido a una sesión de psicoterapia. Terminaba con alguna idea conclusiva o simplemente, muy tranquilo, como si algo importante hubiera elaborado.
Pero no se trata del descontrol absoluto tampoco, si hay un lugar donde se deba poner con toda fortaleza el control, y es aquí donde está lo verdaderamente difícil de meditar, es en no moverse, o en el caso de una meditación en movimiento, pues persistir en el movimiento. Es decir, toda la atención, el control, se enfoca al cuerpo, es el cuerpo aquel al que hay que controlar. Es por eso que una de las frases más trilladas para decirle a alguien que necesita un poco de calma es «respira profundo», lo que traducido quiere decir «concéntrate un rato en la respiración –es decir, tu cuerpo–, para que te calmes emocionalmente». Esto es algo importante, pues claramente no podemos controlar las ideas, ellas vienen a nosotros espontáneamente; ni los sentimientos, el sentir es inevitable. Pero el cuerpo, este sí se puede controlar y hay quienes lo controlan de manera excepcional, solo hay que imaginar a los atletas o a los músicos por ejemplo. Entonces, no hay que esperar a sentirse mejor después de un mal momento para seguir la vida y hacer lo que hay que hacer. Al contrario, a pesar de que se sienta mal, hay que seguir con las cosas de la vida, hay que moverse, lo que al final nos hará sentir mejor. Así pues, dependiendo de dónde y como pongamos nuestro cuerpo, esto tendrá uno u otro efecto sobre nuestro sentir, nuestra mentalidad o nuestras ideas. Un poco acomodado, pero aquí encaja muy bien un «Dime lo que haces y te diré quien eres».
La atención
Desde una mirada psicológica, esto de poner la atención en el cuerpo y sus buenos efectos puede tener una explicación clara. Nosotros los seres humanos no somos muy buenos para poner nuestra atención en varias cosas que demanden un esfuerzo significativo, y menos los hombres que tenemos la tendencia a ser cero multitareas. Entonces, cuando ponemos toda nuestra atención en hacer algo que resulta tan difícil, como quedarse inmóvil por 30 minutos, toda nuestra atención es absorbida por esto. Por ejemplo, intente respirar voluntariamente por 30 minutos a ver si a la vez puede realizar alguna otra tarea compleja. Lo más probable es que, lentamente, la atención se olvide de la respiración, esta comience en su modo naturalmente automático y así pueda realizarse la otra tarea. Durante un estado de quietud, digamos que con el propósito de meditar, ocurre lo mismo: como necesitamos tanta atención para no movernos, lo que termina sucediendo es que restamos energía al pensar, –difícil controlar el cuerpo y el pensamiento a la vez–, entonces esto ayuda a soltar el pensamiento, a ir libre, a que vaya y venga como le plazca. De hecho, la tarea adecuada al meditar, la tarea intelectual, es no oponerse al pensamiento, dejar que ocurra como ocurra, es decir, dejar la intelectualidad a un lado. Esto parece tener un efecto significativo en el pensar, hace que ideas o deseos muy profundos encuentren su camino hasta la realización. Al no coartar el pensamiento – al no intentar controlarlo– este se libera, y a veces se libera tanto que simplemente para, o se hace lento, la cadencia de ideas disminuye, y quizás también comienzan las ideas a ser imágenes. Todo esto puede ocurrir en un vaivén de pensamientos, ideas, nada, imágenes, pensamientos, ideas, nada.
Quietud e infinito
Entonces, hablando de meditación y creatividad, aquí está una idea que surgió casi como un sueño mientras meditaba:
«Lo único que libera es la quietud, pues el límite está impuesto por el cuerpo que no nos deja ir a donde queremos… o hacer lo que queremos. Mientras el cuerpo se mueva, el pensamiento está limitado y circunscrito al movimiento. Al dejar el cuerpo quieto, el pensamiento se libera y así las posibilidades son ilimitadas. Esto facilita lo novedoso o brillante, las ideas más profundas, espontáneas y sinceras. En la quietud las infinitas posibilidades aparecen. La necesidad desaparece, basta con lo infinito de la mentalidad y no se necesita más. Y así, en ausencia de la necesidad –que es impuesta por el cuerpo–, la ansiedad desaparece y surge un estado del ser, de estar ahí, del ocurrir espontáneo. Las ideas brillantes –las más propias y autóctonas– aparecen».
Realmente no es que sea muy esotérico, y palabras como «infinito» nunca han dejado de causarme cierta incomodidad en los discursos de doctrinas orientales, pero como me ha pasado unas cuantas veces, he terminado hablando de cosas que nunca pensé hablar, como de yoga y meditación. Entonces sí, Infinito. Uno de los efectos que se experimenta al meditar es la sensación de que el cuerpo pierde sus límites, en otras palabras, por la quietud o el movimiento repetitivo, el cuerpo se deja de sentir. Parece una ley de la percepción que solo podemos percibir lo que oscila con cierta periodicidad. En cambio, lo constante tiende a desaparecer de nuestro campo perceptivo; como el ruido de fondo que solo se siente cuando desaparece, o el sonido o la luz que son ondas oscilantes a diferentes frecuencias. Con la quietud, el límite del cuerpo tiende a no sentirse, y con esto, puede ocurrir la sensación de ir lejos, de ser más allá del propio cuerpo, de ser inmenso y de que el límite entre afuera y adentro, o el yo y lo otro, desaparece. Al dejar el control y estar en un ambiente libre y con poco límite –en este caso el impuesto por el cuerpo–, la creatividad está en su ambiente más favorable…. la ausencia de censura. Esto es justo lo que facilita las ideas novedosas, que cualquier idea pueda aparecer, pueda ocurrir.
Entonces, quizás aplique esto en términos generales: a mayor censura en las ideas menos creatividad, y a más creatividad más permisividad en las ideas. Creatividad y censura pueden ser elementos inversamente proporcionales. Y así como meditar libera, entonces hace bien al pensamiento creativo.
Para terminar aquí está uno de los trabajos de mi amigo Miguel Isaza. He presenciado en el transcurrir de los últimos 10 años, el efecto que la meditación ha tenido en el desarrollo de su trabajo artístico. El afianzamiento de su estilo, su aproximación particular al sonido y luego, lo que ha creado a partir de esto, dice él, ha sido influenciado en gran parte por la práctica de la meditación. Claramente ha resultado una creación muy particular, que por supuesto, no puede estar alejada del desarrollo personal, de la búsqueda aquella que lleva a darle una orientación a la vida misma.
«Cuando uno no se encuentra a sí mismo no encuentra nada» (Goethe, 1997).
El camino para encontrarlo todo, es entonces el camino hacia sí mismo, meditar, una de las maneras de ir allí.
Pueden escuchar más del trabajo de Miguel aquí.
Si se preguntan por la linda imagen del disco, vayan a ver el trabajo de Catalina Vásquez aquí.
Referencia
Goethe, J. (1997). Werther. Bogotá, Colombia: Panamericana.
Créditos
Imagen de portada (pinceles): Jan Mateboer

Deja una respuesta