Etiqueta: psicologia

  • ¿Y en el desamor qué?

    ¿Y en el desamor qué?

    Qué hacer cuando se está en medio de una ruptura amorosa

    Hace unos años, como 15, en medio de la desesperación y del gran vacío en el pecho, cogí una bicicleta vieja y acabada, con la sutil intuición de que en ella mis penas se disiparían. Decidido a ir lo más lejos posible, me monté en ella, puse un tarro de agua y un par de bananos en una maleta pequeña, y creyendo valientemente que lo lograría, emprendí mi camino hacia San Félix (Para los que no son de Medellín: Medellín es un valle rodeado de montañas, para llegar a San Félix hay que subir la montaña completa). Era la primera vez que intentaba algo así, por lo cual mi aventura no duró mucho. En la primera loma larga que me encontré aún en la ciudad, sencillamente no pude más. Me tocó parar sediento y adolorido después de 20 minutos pedaleando hacia arriba. La cosa fue que, durante esos 20 minutos que intenté escalar al estilo del mejor ciclista colombiano, olvidé por completo la razón que me había puesto en semejante hazaña: Que ella se había enamorado de otro. 

    Así fue entonces, como aprendí a montar en bicicleta. Desde aquel momento y por unos 10 años, deambulé en bicicleta por aquí y por allá buscando sentirme mejor, no fue la cura definitiva, pero ayudó bastante. Entonces, qué hacer cuando pasamos por un desamor, aquí mi fórmula:

    Las culpas, los deseos, nuestra imaginación y sobre todo, ese profundo vacío en el pecho,  impide pensar con claridad en lo que hay que hacer. Pero lo mejor es lograr la practicidad, enfocarse de los problemas prácticos, en el trabajo, en que la vida sigue. «El trabajo es enemigo de cupido» dice Ovidio en el Arte de Amar.

    Moverse es quizás la manera más directa de afectar nuestra emocionalidad, necesitamos disponer de mucha energía mental para mover el cuerpo, bien sea de un lugar a otro, porque necesitamos desplazarnos, o porque estamos, por ejemplo, haciendo ejercicio. Lo cierto es que poner tanta atención el cuerpo libera el pensar, que también es muy demandante en términos atencionales. Al final, la mayor cantidad de atención se irá para quien más lo demande, así es cómo mover el cuerpo por lo general termina ganando. Es por esto que las noches encerrados en la habitación son tan tormentosas, y una caminada suele ser tan tranquilizante.

    En mi experiencia es más efectivo mover el cuerpo, caminar, hacer ejercicio, estar activo, pero trasladarse de un lugar a otro, parece que también tiene un impacto positivo, sobre todo en ese vacío en el pecho. Esto último no calma tanto el sentimiento típico de soledad, como hacer un esfuerzo físico, pero de todas maneras calma el pensamiento. Quizás ver pasar el camino (Digamos si vas en un bus, o en carro) distrae suficiente la atención como para que no se repose tanto en la pérdida. Igual, estos alivios son momentáneos, basta con que pase un segundo, después de parar, para sentir otra vez el peso y la angustia, pero en esto cualquier un rato de calma ayuda. Aquí el tiempo cuenta mucho, pues es este mismo, si te dejas doler lo que tengas por doler, lo que hará que te sientas mejor. Suelo decir a las personas con quien trabajo, que un desamor dura en su peor etapa, dos meses. Parece mucho y a la vez es poco, pero lo cierto es que pasa.

    Por último, quiero señalar que mover el cuerpo alivia por muchas razones. Pero la que más me gusta, la llamo «fuerza atencional». Para mantener el cuerpo en movimiento, en un lugar u otro, en esta o aquella postura, debes disponer de mucha voluntad. Esa tarea, la de poner la atención sobre el cuerpo, libera de trabajo al resto de procesos emocionales. Es justo esto lo que ayuda a descansar de toda esa angustia inquietante que sentimos cuando hemos perdió esa íntima compañía amorosa. Una emoción que no es para menos. Esta intimidad, esta sensación profunda de que podemos ser profundamente lo que somos, desde lo más animal, hasta lo más delicado con otro, es una emoción muy selectiva, solo nos la permitimos sentir con pocos en la vida. Muchas veces, en la ausencia de esta compinchería profunda, la vida es más difícil y hasta pierde sentido… pero tranquilos, tranquilas; es seguro que se encontrarán luego a otra persona para sentir así de maravilloso, si este es el verdadero deseo. Y además esta nueva persona, suele ser una persona que sentimos mejor, sobre todo porque con el tiempo y las experiencias nos volvemos también mejores.

    Así que ánimo, siempre habrá otras personas lindas por conocer… aunque tarden un poco en llegar. ​

  • Meditación y creatividad

    Meditación y creatividad

    Orar, rezar, meditar

    Antes de comenzar a practicar meditación, me causaba intriga leer por ahí que varios personajes del mundo creativo habrían practicado meditación y expresaban haber obtenido beneficios por ello, me preguntaba cómo meditar había ayudado a estas personas en eso que habían creado. Basta con hacer una búsqueda pequeña en Google Scholar sobre meditación y creatividad para encontrar unos 13.000 artículos al respecto, suficiente para sospechar que algo de verdad deberá haber en esto de que meditar ayuda con las ideas. Por supuesto, no se necesita meditar para ser una persona creativa y hacerlo bien, seguro habrá muchos que no lo necesitaron y a la vez fueron muy buenos con sus ideas. Pero cuando hemos sido de aquellos a quienes las ideas no se les han venido fácil, pues no está mal intentar con algunas ayudas extra.  

    Una de las prácticas más comunes a la hora de buscar respuesta a las dificultades de la vida ha sido orar. Independiente de la religión o doctrina que se practique, hacer silencio y pasar unos minutos en quietud (o a veces realizando un acto repetitivo, como rezar los mil Jesuses o caminar en círculos en un salón -práctica budista-), es algo que los seres humanos hemos realizado quizás desde siempre. Orar, rezar, meditar, parece todo orientado a lo mismo, encontrar algo que no tenemos: una idea, una solución, tranquilidad, alivio, salvación o iluminación. Estas actividades tienen algo más en común, son actos que implican un esfuerzo similar con el cuerpo: permanecer en quietud o realizar un movimiento repetitivo a voluntad.

    No poner la mente en blanco

    No soy un gran meditador, escasamente logro permanecer meditando 30 minutos, en casos excepcionales, he logrado una hora o incluso dos. Pero estos pequeños momentos me han llevado a tener ideas que no imagino haber producido de otra manera. Antes de practicar meditación, escuché que meditar se trataba de poner la mente en blanco, pero esta idea solo produce frustración y confusión en aquellos que se acercan a la meditación. Si hay algo básico de la meditación es justo lo contrario, no poner esfuerzo alguno de control sobre el pensamiento, en cambio, dejar que ocurra lo que naturalmente venga al él, es decir, dejarse ser y no censurar las ideas que aparecen. Esto lo asemejo mucho a la psicoterapia, exponerse, ser lo que es, hablar de lo que se siente, «de lo que se te ocurra» dirían los psicoanalistas; si una idea no se va, dejar que no se vaya, si se queda, pues que se quede todo el tiempo que quiera. Incluso, muchas veces experimenté la sensación, al final de la meditación, de que había transcurrido algo parecido a una sesión de psicoterapia. Terminaba con alguna idea conclusiva o simplemente, muy tranquilo, como si algo importante hubiera elaborado.

    Pero no se trata del descontrol absoluto tampoco, si hay un lugar donde se deba poner con toda fortaleza el control, y es aquí donde está lo verdaderamente difícil de meditar, es en no moverse, o en el caso de una meditación en movimiento, pues persistir en el movimiento. Es decir, toda la atención, el control, se enfoca al cuerpo, es el cuerpo aquel al que hay que controlar. Es por eso que una de las frases más trilladas para decirle a alguien que necesita un poco de calma es «respira profundo», lo que traducido quiere decir «concéntrate un rato en la respiración –es decir, tu cuerpo–, para que te calmes emocionalmente».  Esto es algo importante, pues claramente no podemos controlar las ideas, ellas vienen a nosotros espontáneamente; ni los sentimientos, el sentir es inevitable. Pero el cuerpo, este sí se puede controlar y hay quienes lo controlan de manera excepcional, solo hay que imaginar a los atletas o a los músicos por ejemplo. Entonces, no hay que esperar a sentirse mejor después de un mal momento para seguir la vida y hacer lo que hay que hacer. Al contrario, a pesar de que se sienta mal, hay que seguir con las cosas de la vida, hay que moverse, lo que al final nos hará sentir mejor.  Así pues, dependiendo de dónde y como pongamos nuestro cuerpo, esto tendrá uno u otro efecto sobre nuestro sentir, nuestra mentalidad o nuestras ideas. Un poco acomodado, pero aquí encaja muy bien un «Dime lo que haces y te diré quien eres».

    La atención

    Desde una mirada psicológica, esto de poner la atención en el cuerpo y sus buenos efectos puede tener una explicación clara. Nosotros los seres humanos no somos muy buenos para poner nuestra atención en varias cosas que demanden un esfuerzo significativo, y menos los hombres que tenemos la tendencia a ser cero multitareas. Entonces, cuando ponemos toda nuestra atención en hacer algo que resulta tan difícil, como quedarse inmóvil por 30 minutos, toda nuestra atención es absorbida por esto. Por ejemplo, intente respirar voluntariamente por 30 minutos a ver si a la vez puede realizar alguna otra tarea compleja. Lo más probable es que, lentamente, la atención se olvide de la respiración, esta comience en su modo naturalmente automático y así pueda realizarse la otra tarea. Durante un estado de quietud, digamos que con el propósito de meditar, ocurre lo mismo: como necesitamos tanta atención para no movernos, lo que termina sucediendo es que restamos energía al pensar, –difícil controlar el cuerpo y el pensamiento a la vez–, entonces esto ayuda a soltar el pensamiento, a ir libre, a que vaya y venga como le plazca. De hecho, la tarea adecuada al meditar, la tarea intelectual, es no oponerse al pensamiento, dejar que ocurra como ocurra, es decir, dejar la intelectualidad a un lado. Esto parece tener un efecto significativo en el pensar, hace que ideas o deseos muy profundos encuentren su camino hasta la realización. Al no coartar el pensamiento – al no intentar controlarlo– este se libera, y a veces se libera tanto que simplemente para, o se hace lento, la cadencia de ideas disminuye, y quizás también comienzan las ideas a ser imágenes. Todo esto puede ocurrir en un vaivén de pensamientos, ideas, nada, imágenes, pensamientos, ideas, nada.

    Quietud e infinito

    Entonces, hablando de meditación y creatividad, aquí está una idea que surgió casi como un sueño mientras meditaba: 

    «Lo único que libera es la quietud, pues el límite está impuesto por el cuerpo que no nos deja ir a donde queremos… o hacer lo que queremos. Mientras el cuerpo se mueva, el pensamiento está limitado y circunscrito al movimiento. Al dejar el cuerpo quieto, el pensamiento se libera y así las posibilidades son ilimitadas. Esto facilita lo novedoso o brillante, las ideas más profundas, espontáneas y sinceras. En la quietud las infinitas posibilidades aparecen. La necesidad desaparece, basta con lo infinito de la mentalidad y no se necesita más. Y así, en ausencia de la necesidad –que es impuesta por el cuerpo–, la ansiedad desaparece y surge un estado del ser, de estar ahí, del ocurrir espontáneo. Las ideas brillantes –las más propias y autóctonas–  aparecen».

    Realmente no es que sea muy esotérico, y palabras como «infinito» nunca han dejado de causarme cierta incomodidad en los discursos de doctrinas orientales, pero como me ha pasado unas cuantas veces, he terminado hablando de cosas que nunca pensé hablar, como de yoga y meditación. Entonces sí, Infinito. Uno de los efectos que se experimenta al meditar es la sensación de que el cuerpo pierde sus límites, en otras palabras, por la quietud o el movimiento repetitivo, el cuerpo se deja de sentir. Parece una ley de la percepción que solo podemos percibir lo que oscila con cierta periodicidad. En cambio, lo constante tiende a desaparecer de nuestro campo perceptivo; como el ruido de fondo que solo se siente cuando desaparece, o el sonido o la luz que son ondas oscilantes a diferentes frecuencias. Con la quietud, el límite del cuerpo tiende a no sentirse, y con esto, puede ocurrir la sensación de ir lejos, de ser más allá del propio cuerpo, de ser inmenso y de que el límite entre afuera y adentro, o el yo y lo otro, desaparece. Al dejar el control y estar en un ambiente libre y con poco límite –en este caso el impuesto por el cuerpo–, la creatividad está en su ambiente más favorable…. la ausencia de censura. Esto es justo lo que facilita las ideas novedosas, que cualquier idea pueda aparecer, pueda ocurrir. 

    Entonces, quizás aplique esto en términos generales: a mayor censura en las ideas menos creatividad, y a más creatividad más permisividad en las ideas. Creatividad y censura pueden ser elementos inversamente proporcionales. Y así como meditar libera, entonces hace bien al pensamiento creativo.

    Para terminar aquí está uno de los trabajos de mi amigo Miguel Isaza. He presenciado en el transcurrir de los últimos 10 años, el efecto que la meditación ha tenido en el desarrollo de su trabajo artístico. El afianzamiento de su estilo, su aproximación particular al sonido y luego, lo que ha creado a partir de esto, dice él, ha sido influenciado en gran parte por la práctica de la meditación. Claramente ha resultado una creación muy particular, que por supuesto, no puede estar alejada del desarrollo personal, de la búsqueda aquella que lleva a darle una orientación a la vida misma.

    «Cuando uno no se encuentra a sí mismo no encuentra nada» (Goethe, 1997). 

    El camino para encontrarlo todo, es entonces el camino hacia sí mismo, meditar, una de las maneras de ir allí.

    Pueden escuchar más del trabajo de Miguel aquí.

    Si se preguntan por la linda imagen del disco, vayan a ver el trabajo de Catalina Vásquez aquí.


    Referencia

    Goethe, J. (1997). Werther. Bogotá, Colombia: Panamericana.

    Créditos

    Imagen de portada (pinceles): Jan Mateboer

  • A sentir lo que hay que sentir: Una invitación a hablar de las emociones

    A sentir lo que hay que sentir: Una invitación a hablar de las emociones

    La emocionalidad y las emociones

    La emocionalidad se construye con emociones, emociones que son evocadas por la vida y la experiencia. Es un conjunto de impulsos, motivaciones, afectos, deseos, relaciones, personas, lugares, sentimientos y todas estas cosas anímicas que mueven a los seres humanos. Ocuparse de la propia emocionalidad, saber un poco más al respecto o aprender a lidiar con sus designios de la manera menos perjudicial, es una actividad que fortalece, embellece la vida y promueve el crecimiento tal como lo hace la práctica de un deporte o una disciplina. 

    Lamentablemente la educación tradicional no enseña mucho sobre ello; así que la educación emocional que cada quien recibe, viene dada por la manera como el afecto fue dado y recibido, así como por los modelos aprendidos voluntaria o involuntariamente. Usualmente, es solo hasta la adultez, y cuando la emocionalidad perturba, que las personas comienzan a entender que algo al respecto de ellas no está bien. Toca pues, comenzar un nuevo camino, re-educarse a sí mismo, ocuparse de los estragos del pasado, la familia y la historia, y así, elegir nuevamente; aprender lo que se quiere o no para sí, cuestionar la emocionalidad transmitida, aceptada y construida, para así comenzar a formar una diferente, o al menos, modificar un poco la existente.Conocer sobre el funcionamiento emocional y cómo ocuparse de las emociones puede ser el principio para mejorar la emocionalidad cuando el sentir dice que hay que hacerlo. La siguiente es solo una visión sobre las emociones y del hacer con ellas. Existen varias formas de gestionar las emociones, cada quien va eligiendo en el transcurrir de la vida aquella que más se acopla a sus necesidades y capacidades. Pero aquellos curiosos y a la vez necesitados de hacer algo con su emocionalidad casi siempre encontraran un camino, si esto es lo que verdaderamente se quiere (Mischel, 2015. Cap 20).

    «Quien tiene un por qué para vivir, encontrará casi siempre el cómo» (Nietzsche. Citado en Frankl, 1979).

    El por qué, la razón, puede venir desde muchos lugares; adentro o afuera (si es que tal división es posible), la familia, el amor o simplemente el instinto de salir adelante a pesar de las adversidades. Aunque la razón más simple y efectiva es querer. Puede alegarse que muchos, aunque quieren lograr algo no lo logran, pero si de verdad se quiere, se persiste. Y así, quien quiere, encontrará casi siempre el cómo.

    Este es pues, un muy breve acercamiento a la emocionalidad, a las emociones. Es un poco de lo que algunos otros psicólogos dicen o han dicho, pero sobre todo, es una idea general  que aparece después de años de búsqueda personal, de muchas preguntas respondidas y de muchas más sin responder que han venido con el transcurrir de la vida (y en esta se incluye, por supuesto, la práctica y experiencia como psicólogo).

    Del no saber lo que pasa, a decir lo que pasa

    Lo abrumador es algo se hace difícil de definir, las emociones más fuertes tienen este carácter. Así como estar sumergido en el mar o en medio de la niebla, la sensación está por todos lados y en el caso de la niebla, además, no se ve muy bien. Pablo Fernández Christlieb (2000) dice que los seres humanos no tenemos las emociones, sino más bien, que ellas nos tienen a nosotros, que estamos sumergidos en ellas. Esto es, que la emocionalidad es quien dirige el hacer y el ir por la vida. Algo que también había sugerido Einstein muchos años antes:

    «Deberíamos procurar no convertir en un dios a nuestro intelecto; por supuesto que tiene unos músculos potentes, pero no tiene personalidad. No puede guiar; sólo puede servir» (Citado por: Lewis, 2001, p.133: Sobre los límites del intelecto. Einstein, 1995, p.260).

    ¿A quién sirve el intelecto? A la emocionalidad que dicta cuándo no parar, pero más bien, seguir trabajando en esa idea brillante por desarrollar, esa meta por alcanzar o esa chica o chico a quién conquistar. O cuando impulsa al cuerpo a hacer todo lo posible por tener cerca a la persona amada, sirve también a la emocionalidad que impulsa obtener títulos, carros, belleza, el nuevo celular, o solo un poco de tranquilidad. Pareciera que el intelecto, solo es la herramienta que la emocionalidad utiliza para llevar a cabo sus mandatos.En el caso de sentir dolor emocional fuerte (para continuar con el carácter abrumador de las emociones), este no deja hablar a la persona que lo siente. Hay momentos en los que únicamente se puede recurrir al llanto para dejar salir ese dolory, solo después de que este sale (se deja sentir libremente o se duele), la persona puede, lentamente y con dificultad volver a hablar. Entonces, para des-abrumarse, es decir, para empezar a definir las cosas, por lo general se usa el pensamiento, el cual depende en gran parte de las palabras. Así pues, se usan palabras para dibujar las formas de aquello que abruma, que emociona. Pero lamentablemente, en muchos casos, el pensamiento no resulta suficiente para despejar la bruma que cobija a quienes padecen situaciones fuertes y perturbadoras.

    Contar lo que pasa primero, entender después

    Sea el caso de personas con una buena capacidad para definir y poner en palabras lo que sienten, o el caso de las que no, a veces y en situaciones especiales, se hace difícil expresar las emociones de manera natural. Cuando esto ocurre, cae bien entrenarse en ponerle palabras a aquello que pasa, contar las historias, hablar de las tristezas y amarguras. Esto produce una especie de movimiento emotivo, ya que cada vez que una historia es contada, ésta se cuenta diferente: se cambia el orden, las palabras, incluso a veces, la historia misma. Esto, el ejercicio de contar una y otra vez las historias genera una especie de alivio y a su vez “entrenamiento emocional”: mover, sacar, dejar fluir las emociones, sentirlas, digamos, saludablemente. Y como en cualquier cosa que se practique con regularidad y disciplina, pues el resultado es que se hace cada vez mejor.

    Poner en palabras las emociones, y sobre todo contarlas, es ya, hacer algo positivo con ellas; además es una herramienta para dar vía natural y alivio al afecto. Si no existe un saber sobre lo que pasa emocionalmente que también sea puesto en una historia contada, el actuar y sentir hacia una mejor emocionalidad está limitado. Cierto que en ocasiones no es necesario entender lo que pasa, basta hablar libremente de ello y con esto la mayoría de las personas se siente mejor. Hablar de las dificultades o problemas, por lo general se siente bien, aunque a veces se sienta más tristeza (lo que es muy bueno si es una tristeza que estaba “olvidada” o “guardada” sin poder salir). Así que está mejor contar, narrar primero lo que pasa, puesto que de allí, muy seguramente saldrá el entender, no al revés.

    Las emociones son movimiento

    Una buena opción para ayudar al fluir de las emociones es ponerse en movimiento.

    “lo que hacemos afecta cómo nos sentimos tanto como lo que sentimos afecta lo que hacemos” (Citado en Shenk, 2009 traducción propia).

    Al parecer la emocionalidad funciona en doble vía. Entonces, a pesar de las emociones, hacer cosas que se sientan bien, ayudará efectivamente sentirse bien. Como existe una relación estrecha entre emoción y movimiento, las emociones tienden a liberarse fácilmente a través de una respuesta motora; hacer ejercicio, caminar, pasear, moverse; todo esto es hacer algo con el sentir. Hablar también es una reacción motora, por lo tanto, hacerlo trae bien solo por el hecho de ser movimiento. Quizá sea esta una razón por la cual hablar de las preocupaciones genera más alivio que solo pensarlas.

    Algunas investigaciones aseguran que asumir determinadas posturas puede afectar positiva o negativamente el estado de ánimo. Hacer movimientos o posturas que manifiesten estados de alegría pueden generar esta emoción. Así que una manera de procurarse bienestar es poner el cuerpo en posiciones adecuadas para ello. Amy Cuddy es una Psicóloga Norteamericana que se ha dedicado a estudiar este tema. Aquí una charla donde habla sobre los hallazgos en sus investigaciones (Subtítulos en español pueden activarse):

    Cuando alguien está tratando de controlar sus emociones, lo que realmente intenta controlar es su reacción a ellas. Esto se hace por medio de la tensión física, puesto que la manera en que las emociones se expresan es a través del movimiento; sea al hablar, con posturas o ademanes. Así, cuando alguien quiere, o cree estar controlando sus emociones, lo que verdaderamente está controlando es el cuerpo, su postura o sus movimientos, pero la emoción sigue ahí, intentando salir; como una mascota ansiosa por escapar, siempre pendiente de la puerta abierta y el descuido de su dueño.

    «El que tenga ojos para ver y oídos para oír se convencerá de que los mortales no pueden guardar ningún secreto. Aquel cuyos labios callan, se delata con las puntas de los dedos; el secreto quiere salírsele por todos los poros. Y por eso es muy posible dar cima a la tarea de hacer conciente lo anímico más oculto» (Freud, 1974, p.68).

    Cuando esta salida se reprime, es decir, censuramos alguna idea o sentimiento, este se oculta, pero más tarde, busca la manera de salir. Así es pues como aparecen las tristezas que en apariencia no tienen razón o el estrés, a veces el cáncer (Moreno-Smith, 2013), dolores de cabeza, caídas de pelo o enfermedades en la piel.  Lo que a sí mismo se oculta, luego, el ser o el cuerpo buscaran decirlo de algún modo.

    Por ejemplo es un error tratar de controlar la ira. Es más adecuado “liberar” la tristeza, la inseguridad, el sentimiento de vulnerabilidad o el miedo que puede haber detrás de ella.

    «[…] El propósito de la ira es llevar a la acción: a luchar por la supervivencia, o actuar agresivamente en contra de otros, en orden de hacer que ellos se comporten en una manera que resuelva conflictos de interés a favor del individuo iracundo» (Shafir, 2016.) (Traducción propia).

    Entender, o mejor, hablar lo que hay tras este impulso sería de más ayuda para “controlar” la ira, que el intento de controlar la ira misma.

    Sentir las emociones

    ​Este artículo tiene un propósito fundamental, hacer un llamado a algo elemental: Sentir las emociones y ser más concientes de la fuerza de la emocionalidad. Puede parecer absurda esta sugerencia, pero muchas personas han desarrollado potentes habilidades para negar sus estados emocionales, creyendo que de esta manera estarán mejor. Ocultar la tristeza, el dolor o la inseguridad (para mencionar algunos afectos), termina convirtiéndose en una estrategia que genera estragos y prolonga dolores. Las emociones que se intentan contener y no se les presta salida adecuada, siempre salen causando dificultades.

    El remedio natural para las emociones perturbadoras, es sentirlas, dejar que pasen, fluyan, que se muevan por el cuerpo.

    «Las emociones nunca están equivocadas; solo las acciones pueden ser equivocadas. Las emociones son una expresión de una nuestra verdad emocional, y la verdad no puede estar equivocada. Ni necesitan ser justificadas. Sólo necesitan ser sentidas» (Easton, 2009. Chapter 13, Roadmaps through jealousy: Whitewater rafting, para 3) (Traducción propia).

    Así se hace con la felicidad y por esto mismo es de corta duración. Por lo general pocas personas contienen la felicidad, al contrario, la mayoría la dejan salir libremente. ¿Cuándo alguien en medio de la felicidad se está diciendo «no, no, no, no puedo estar tan feliz porque tengo que ir a trabajar»?

    Así, lo mejor, sea feliz o triste, estresado o tranquilo, vaya a trabajar o a hacer lo que deba hacer. Perfectamente se puede estar triste e ir a barrer calles, atender personas, estudiar o lo que sea… dejar la emoción en casa es una utopía, tráigala con usted, mejor sáquela a pasear y compártala con los otros (como se hace típicamente con la felicidad), seguro encontrará quién le acompañe.Gozar de buena y significativa compañía, dicen las investigaciones, aporta más alegría y salud a la vida que la soledad. El estudio más largo y profundo sobre el tema lleva ya 81 años y aún continúa. Estar cerca y convivir con personas queridas, conlleva a una vida más larga, saludable, contenta y tranquila.

    «La única cosa que realmente importa en en la vida es tus relaciones con otras personas» (Shenk, 2009) (traducción propia).

    Estar bien emocionalmente, definitivamente ayuda tanto a estar bien consigo mismo como con los otros, lo cual, al final, es una sola cosa.

    Referencias:

    Christlieb, P. F. (2004). La sociedad mental (Vol. 26). Anthropos.

    Christlieb, P. F. (2000). La afectividad colectiva. Taurus.

    Easton, D., & Hardy, J. W. (2009). The ethical slut, 2nd updated & expanded edition. Berkeley: Celestial Arts.

    [Existe una versión en español de este libro]:

    Easton, D., & Hardy, J. W. (2013). Ética promiscua: una guía práctica para el poliamor, las relaciones abiertas y otras aventuras. Melusina.

    Frankl, V. (1979). El hombre en busca de sentido: conceptos básicos de logoterapia. Barcelona: Herder.

    Freud, S. (1974). Obras Completas, Tomo VII: Fragmento de análisis de un caso de histeria. Buenos Aires: Amorrortu.

    Lewis, T., Amini, F., & Lannon, R. (2001). Una Teoría General del Amor. Barcelona: RBA.

    Mischel, W. (2015). El test de la golosina: cómo entender y manejar el autocontrol. Debate.

    Moreno-Smith, M., Lutgendorf, S. K., & Sood, A. K. (2010). Impact of stress on cancer metastasis. [Impacto del estrés en el cáncer metastásico] Future oncology (London, England), 6(12), 1863: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3037818/

    Shenk, J. W. (2009). What Make Us Happy? [¿Qué Nos Hace Felices?] Boston. The Atlantic: https://www.theatlantic.com/magazine/archive/2009/06/what-makes-us-happy/307439/

    Shafir, T.; Tsachor, R. P. & Welch, K. B. (2016). Emotion Regulation through Movement: Unique Sets of Movement Characteristics are Associated with and Enhance Basic Emotions [Regulación emocional a través del movimiento: conjuntos específicos de tipos de movimientos están asociados a, e intensifican emociones básicas]. Frontiers in Psychology: https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2015.02030/full#B63Para ver la lista de referencias de todo el blog ve aquí.