Qué hacer cuando se está en medio de una ruptura amorosa
Hace unos años, como 15, en medio de la desesperación y del gran vacío en el pecho, cogí una bicicleta vieja y acabada, con la sutil intuición de que en ella mis penas se disiparían. Decidido a ir lo más lejos posible, me monté en ella, puse un tarro de agua y un par de bananos en una maleta pequeña, y creyendo valientemente que lo lograría, emprendí mi camino hacia San Félix (Para los que no son de Medellín: Medellín es un valle rodeado de montañas, para llegar a San Félix hay que subir la montaña completa). Era la primera vez que intentaba algo así, por lo cual mi aventura no duró mucho. En la primera loma larga que me encontré aún en la ciudad, sencillamente no pude más. Me tocó parar sediento y adolorido después de 20 minutos pedaleando hacia arriba. La cosa fue que, durante esos 20 minutos que intenté escalar al estilo del mejor ciclista colombiano, olvidé por completo la razón que me había puesto en semejante hazaña: Que ella se había enamorado de otro.
Así fue entonces, como aprendí a montar en bicicleta. Desde aquel momento y por unos 10 años, deambulé en bicicleta por aquí y por allá buscando sentirme mejor, no fue la cura definitiva, pero ayudó bastante. Entonces, qué hacer cuando pasamos por un desamor, aquí mi fórmula:
Las culpas, los deseos, nuestra imaginación y sobre todo, ese profundo vacío en el pecho, impide pensar con claridad en lo que hay que hacer. Pero lo mejor es lograr la practicidad, enfocarse de los problemas prácticos, en el trabajo, en que la vida sigue. «El trabajo es enemigo de cupido» dice Ovidio en el Arte de Amar.
Moverse es quizás la manera más directa de afectar nuestra emocionalidad, necesitamos disponer de mucha energía mental para mover el cuerpo, bien sea de un lugar a otro, porque necesitamos desplazarnos, o porque estamos, por ejemplo, haciendo ejercicio. Lo cierto es que poner tanta atención el cuerpo libera el pensar, que también es muy demandante en términos atencionales. Al final, la mayor cantidad de atención se irá para quien más lo demande, así es cómo mover el cuerpo por lo general termina ganando. Es por esto que las noches encerrados en la habitación son tan tormentosas, y una caminada suele ser tan tranquilizante.
En mi experiencia es más efectivo mover el cuerpo, caminar, hacer ejercicio, estar activo, pero trasladarse de un lugar a otro, parece que también tiene un impacto positivo, sobre todo en ese vacío en el pecho. Esto último no calma tanto el sentimiento típico de soledad, como hacer un esfuerzo físico, pero de todas maneras calma el pensamiento. Quizás ver pasar el camino (Digamos si vas en un bus, o en carro) distrae suficiente la atención como para que no se repose tanto en la pérdida. Igual, estos alivios son momentáneos, basta con que pase un segundo, después de parar, para sentir otra vez el peso y la angustia, pero en esto cualquier un rato de calma ayuda. Aquí el tiempo cuenta mucho, pues es este mismo, si te dejas doler lo que tengas por doler, lo que hará que te sientas mejor. Suelo decir a las personas con quien trabajo, que un desamor dura en su peor etapa, dos meses. Parece mucho y a la vez es poco, pero lo cierto es que pasa.
Por último, quiero señalar que mover el cuerpo alivia por muchas razones. Pero la que más me gusta, la llamo «fuerza atencional». Para mantener el cuerpo en movimiento, en un lugar u otro, en esta o aquella postura, debes disponer de mucha voluntad. Esa tarea, la de poner la atención sobre el cuerpo, libera de trabajo al resto de procesos emocionales. Es justo esto lo que ayuda a descansar de toda esa angustia inquietante que sentimos cuando hemos perdió esa íntima compañía amorosa. Una emoción que no es para menos. Esta intimidad, esta sensación profunda de que podemos ser profundamente lo que somos, desde lo más animal, hasta lo más delicado con otro, es una emoción muy selectiva, solo nos la permitimos sentir con pocos en la vida. Muchas veces, en la ausencia de esta compinchería profunda, la vida es más difícil y hasta pierde sentido… pero tranquilos, tranquilas; es seguro que se encontrarán luego a otra persona para sentir así de maravilloso, si este es el verdadero deseo. Y además esta nueva persona, suele ser una persona que sentimos mejor, sobre todo porque con el tiempo y las experiencias nos volvemos también mejores.
Así que ánimo, siempre habrá otras personas lindas por conocer… aunque tarden un poco en llegar.
Antes de comenzar a practicar meditación, me causaba intriga leer por ahí que varios personajes del mundo creativo habrían practicado meditación y expresaban haber obtenido beneficios por ello, me preguntaba cómo meditar había ayudado a estas personas en eso que habían creado. Basta con hacer una búsqueda pequeña en Google Scholar sobre meditación y creatividad para encontrar unos 13.000 artículos al respecto, suficiente para sospechar que algo de verdad deberá haber en esto de que meditar ayuda con las ideas. Por supuesto, no se necesita meditar para ser una persona creativa y hacerlo bien, seguro habrá muchos que no lo necesitaron y a la vez fueron muy buenos con sus ideas. Pero cuando hemos sido de aquellos a quienes las ideas no se les han venido fácil, pues no está mal intentar con algunas ayudas extra.
Una de las prácticas más comunes a la hora de buscar respuesta a las dificultades de la vida ha sido orar. Independiente de la religión o doctrina que se practique, hacer silencio y pasar unos minutos en quietud (o a veces realizando un acto repetitivo, como rezar los mil Jesuses o caminar en círculos en un salón -práctica budista-), es algo que los seres humanos hemos realizado quizás desde siempre. Orar, rezar, meditar, parece todo orientado a lo mismo, encontrar algo que no tenemos: una idea, una solución, tranquilidad, alivio, salvación o iluminación. Estas actividades tienen algo más en común, son actos que implican un esfuerzo similar con el cuerpo: permanecer en quietud o realizar un movimiento repetitivo a voluntad.
No poner la mente en blanco
No soy un gran meditador, escasamente logro permanecer meditando 30 minutos, en casos excepcionales, he logrado una hora o incluso dos. Pero estos pequeños momentos me han llevado a tener ideas que no imagino haber producido de otra manera. Antes de practicar meditación, escuché que meditar se trataba de poner la mente en blanco, pero esta idea solo produce frustración y confusión en aquellos que se acercan a la meditación. Si hay algo básico de la meditación es justo lo contrario, no poner esfuerzo alguno de control sobre el pensamiento, en cambio, dejar que ocurra lo que naturalmente venga al él, es decir, dejarse ser y no censurar las ideas que aparecen. Esto lo asemejo mucho a la psicoterapia, exponerse, ser lo que es, hablar de lo que se siente, «de lo que se te ocurra» dirían los psicoanalistas; si una idea no se va, dejar que no se vaya, si se queda, pues que se quede todo el tiempo que quiera. Incluso, muchas veces experimenté la sensación, al final de la meditación, de que había transcurrido algo parecido a una sesión de psicoterapia. Terminaba con alguna idea conclusiva o simplemente, muy tranquilo, como si algo importante hubiera elaborado.
Pero no se trata del descontrol absoluto tampoco, si hay un lugar donde se deba poner con toda fortaleza el control, y es aquí donde está lo verdaderamente difícil de meditar, es en no moverse, o en el caso de una meditación en movimiento, pues persistir en el movimiento. Es decir, toda la atención, el control, se enfoca al cuerpo, es el cuerpo aquel al que hay que controlar. Es por eso que una de las frases más trilladas para decirle a alguien que necesita un poco de calma es «respira profundo», lo que traducido quiere decir «concéntrate un rato en la respiración –es decir, tu cuerpo–, para que te calmes emocionalmente». Esto es algo importante, pues claramente no podemos controlar las ideas, ellas vienen a nosotros espontáneamente; ni los sentimientos, el sentir es inevitable. Pero el cuerpo, este sí se puede controlar y hay quienes lo controlan de manera excepcional, solo hay que imaginar a los atletas o a los músicos por ejemplo. Entonces, no hay que esperar a sentirse mejor después de un mal momento para seguir la vida y hacer lo que hay que hacer. Al contrario, a pesar de que se sienta mal, hay que seguir con las cosas de la vida, hay que moverse, lo que al final nos hará sentir mejor. Así pues, dependiendo de dónde y como pongamos nuestro cuerpo, esto tendrá uno u otro efecto sobre nuestro sentir, nuestra mentalidad o nuestras ideas. Un poco acomodado, pero aquí encaja muy bien un «Dime lo que haces y te diré quien eres».
La atención
Desde una mirada psicológica, esto de poner la atención en el cuerpo y sus buenos efectos puede tener una explicación clara. Nosotros los seres humanos no somos muy buenos para poner nuestra atención en varias cosas que demanden un esfuerzo significativo, y menos los hombres que tenemos la tendencia a ser cero multitareas. Entonces, cuando ponemos toda nuestra atención en hacer algo que resulta tan difícil, como quedarse inmóvil por 30 minutos, toda nuestra atención es absorbida por esto. Por ejemplo, intente respirar voluntariamente por 30 minutos a ver si a la vez puede realizar alguna otra tarea compleja. Lo más probable es que, lentamente, la atención se olvide de la respiración, esta comience en su modo naturalmente automático y así pueda realizarse la otra tarea. Durante un estado de quietud, digamos que con el propósito de meditar, ocurre lo mismo: como necesitamos tanta atención para no movernos, lo que termina sucediendo es que restamos energía al pensar, –difícil controlar el cuerpo y el pensamiento a la vez–, entonces esto ayuda a soltar el pensamiento, a ir libre, a que vaya y venga como le plazca. De hecho, la tarea adecuada al meditar, la tarea intelectual, es no oponerse al pensamiento, dejar que ocurra como ocurra, es decir, dejar la intelectualidad a un lado. Esto parece tener un efecto significativo en el pensar, hace que ideas o deseos muy profundos encuentren su camino hasta la realización. Al no coartar el pensamiento – al no intentar controlarlo– este se libera, y a veces se libera tanto que simplemente para, o se hace lento, la cadencia de ideas disminuye, y quizás también comienzan las ideas a ser imágenes. Todo esto puede ocurrir en un vaivén de pensamientos, ideas, nada, imágenes, pensamientos, ideas, nada.
Quietud e infinito
Entonces, hablando de meditación y creatividad, aquí está una idea que surgió casi como un sueño mientras meditaba:
«Lo único que libera es la quietud, pues el límite está impuesto por el cuerpo que no nos deja ir a donde queremos… o hacer lo que queremos. Mientras el cuerpo se mueva, el pensamiento está limitado y circunscrito al movimiento. Al dejar el cuerpo quieto, el pensamiento se libera y así las posibilidades son ilimitadas. Esto facilita lo novedoso o brillante, las ideas más profundas, espontáneas y sinceras. En la quietud las infinitas posibilidades aparecen. La necesidad desaparece, basta con lo infinito de la mentalidad y no se necesita más. Y así, en ausencia de la necesidad –que es impuesta por el cuerpo–, la ansiedad desaparece y surge un estado del ser, de estar ahí, del ocurrir espontáneo. Las ideas brillantes –las más propias y autóctonas– aparecen».
Realmente no es que sea muy esotérico, y palabras como «infinito» nunca han dejado de causarme cierta incomodidad en los discursos de doctrinas orientales, pero como me ha pasado unas cuantas veces, he terminado hablando de cosas que nunca pensé hablar, como de yoga y meditación. Entonces sí, Infinito. Uno de los efectos que se experimenta al meditar es la sensación de que el cuerpo pierde sus límites, en otras palabras, por la quietud o el movimiento repetitivo, el cuerpo se deja de sentir. Parece una ley de la percepción que solo podemos percibir lo que oscila con cierta periodicidad. En cambio, lo constante tiende a desaparecer de nuestro campo perceptivo; como el ruido de fondo que solo se siente cuando desaparece, o el sonido o la luz que son ondas oscilantes a diferentes frecuencias. Con la quietud, el límite del cuerpo tiende a no sentirse, y con esto, puede ocurrir la sensación de ir lejos, de ser más allá del propio cuerpo, de ser inmenso y de que el límite entre afuera y adentro, o el yo y lo otro, desaparece. Al dejar el control y estar en un ambiente libre y con poco límite –en este caso el impuesto por el cuerpo–, la creatividad está en su ambiente más favorable…. la ausencia de censura. Esto es justo lo que facilita las ideas novedosas, que cualquier idea pueda aparecer, pueda ocurrir.
Entonces, quizás aplique esto en términos generales: a mayor censura en las ideas menos creatividad, y a más creatividad más permisividad en las ideas. Creatividad y censura pueden ser elementos inversamente proporcionales. Y así como meditar libera, entonces hace bien al pensamiento creativo.
Para terminar aquí está uno de los trabajos de mi amigo Miguel Isaza. He presenciado en el transcurrir de los últimos 10 años, el efecto que la meditación ha tenido en el desarrollo de su trabajo artístico. El afianzamiento de su estilo, su aproximación particular al sonido y luego, lo que ha creado a partir de esto, dice él, ha sido influenciado en gran parte por la práctica de la meditación. Claramente ha resultado una creación muy particular, que por supuesto, no puede estar alejada del desarrollo personal, de la búsqueda aquella que lleva a darle una orientación a la vida misma.
«Cuando uno no se encuentra a sí mismo no encuentra nada» (Goethe, 1997).
El camino para encontrarlo todo, es entonces el camino hacia sí mismo, meditar, una de las maneras de ir allí.
«Tomar las dificultades, los reveses y penas de la vida como un desafío cuya superación nos hace más fuertes, y no como un injusto castigo que no tendríamos que recibir nosotros requiere fe y coraje» (Fromm, 1959, p. 123).
En la búsqueda del diagnóstico
Desde el año 2011, mi hermano mayor comenzó a padecer unos extrañosdolores de espalda en la zona lumbar. Después de muchos ires y venires entre especialistas y evaluaciones, un examen más le fue formulado, esta vez, con el propósito de observar a profundidad el estado de sus huesos. Se trataba de una resonancia magnética contrastada, examen en el cual se usa una sustancia (medio de contraste) que es inyectada en el cuerpo y ayuda a visualizar mejor los tejidos óseos.
El día del examen llegó y este se realizó con normalidad en horas de la mañana. Este mismo día al caer la noche, mi hermano comenzó a sentirse muy mal; recuerdo vagamente el color de su piel amarillosa acompañada una expresión terrible de desánimo y malestar en su cara, no podía ya levantarse por sí mismo, parecía desfallecer. Unas horas después, se encontraba en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Manuel Uribe Ángel de Envigado, en un estado muy delicado y por primera vez en esta fase de la vida, con la muerte mirándole a los ojos.
Resultó que sus riñones ya estaban afectados por la enfermedad que aún no se identificaba y el medio de contraste utilizado para la resonancia magnética, los afectó todavía más. Este incidente le dejó una insuficiencia renal severa que, posteriormente le condujo a varios meses de diálisis y a la pérdida del 65% del funcionamiento renal.
Después de pasar más de seis meses persiguiendo un diagnóstico acertado para lo que se mostraba como un simple dolor de espalda, en unos pocos días de hospitalización y gracias al examen anterior que casi le cuesta la vida, la internista encargada (durante esta primera hospitalización) comenzó a sospechar el diagnóstico final. Un solo examen más se requirió para establecer con seguridad el nombre definitivo.
Aquel examen, un aspirado de médula ósea (se realiza una punción en el glúteo para llegar hasta el hueso de la cadera, de donde se extrae una muestra de médula), concluyó algo que todos ya temíamos. Se trataba de un tipo de cáncer de médula ósea: mieloma múltiple.
Hasta este momento, el mieloma había afectado los huesos, un poco los riñones y algunas vértebras habían perdido densidad y tamaño. La sustancia utilizada como medio de contraste en aquella resonancia magnética empeoró su estado, pues luego de ser inyectada en el cuerpo es eliminada vía renal, un trabajo que sus riñones no soportaron al estar ya funcionando deficientemente.
El tratamiento
Creyendo plenamente en la medicina, mi hermano se ha confiado por completo a los médicos que le han tratado. Alguno «seco y distante», otro «carnicero» (en palabras de mi hermano), otra elegante y glamurosa pero noble y delicada (la mejor presencia para aquella encargada de mantener el sufrimiento en el nivel más bajo posible, la médica del dolor), otro, costeño y jocoso que le llama cariñosamente «chillón». La actitud jocosa -sin ser irrespetuosa- de este último hemato oncólogo, ha resultado ser muy agradable. Es bastante difícil salir de sus citas sin unas cuantas sonrisas cuestas. A pesar de las dificultades, algo bastante conveniente para la incertidumbre y el desánimo que envuelve a estas enfermedades.
Trasplante de médula ósea, aislamiento: «Esa luz bajo la puerta: la esperanza de salir nuevamente».
Mi hermano también ha estado absolutamente dependiente de otros, viéndose en situaciones donde la vanidad o el orgullo no tienen cabida: desnudo, indefenso, adolorido y en la máxima expresión de la delicadeza y vulnerabilidad humana. Así, se ha visto literalmente entregado a un buen número de camilleros, enfermeras y enfermeros. Muchos de estos últimos enseñándole, entre otras cosas, a valorar y respetar la diferencia: mi hermano era un poco homofóbico antes de todo esto, ahora dice: «yo dejé de ser homofóbico cuando comencé a sentir que los enfermeros, muchos de ellos claramente homosexuales, me trataban con más cuidado y delicadeza que la mayoría de las enfermeras».Cabe destacar que aunque el diagnóstico se realizó en el Hospital Manuel Uribe Ángel de Envigado, gran parte de su primera recuperación; quimioterapias, diálisis y demás atenciones necesarias para recuperarse de la primera recaída, fueron realizadas en la entonces EPS de Comfenalco. Después de esto, ha estado en manos del Instituto de Cancerología, donde hemos recibido una atención maravillosa. Allí ya han sabido solventar un segundo «despertar» del cáncer, dos trasplantes de médula ósea, una fractura de húmero e innumerables sesiones de quimioterapia, exámenes regulares y unas cuantas radioterapias. Una última fractura, de fémur, la más dolorosa y delicada hasta ahora, fue atendida en el hospital San Vicente de Paúl. Allí, aunque tuvo que esperar en una cama sin moverse durante una semana, al final la cirugía que necesitaba salió bien. Además, encontramos a otro médico, esta vez ortopedista, a quien da gusto visitar por su amable y atenta disposición para con sus pacientes.
Aprendiendo del dolor
Lo que sigue a continuación, es una charla que tuvimos en el patio de nuestra casa, disfrutando de un poco de tranquilidad después de que los estragos de la última fractura hubiesen pasado. También aprovechando los potentes efectos de la hidrocodona (medicina para el dolor derivada de la morfina) para entre otras, alentar el ánimo y las palabras. Es una pequeña síntesis sobre cómo llevar el dolor (creo firmemente que aplica tanto para el dolor físico como para el emocional) y sobre cómo acompañar a una persona cercana que se encuentra afligida.
La pregunta que suscita esta conversación fue «¿Cómo acompañar a alguien que tiene cáncer y pasa por estas situaciones tan difíciles y dolorosas?»
Gustavo: Uno necesita gente que esté como en el deporte. Así como usted dice, yendo al mismo paso, al mismo ritmo, marcando el paso, ahí al lado. Las personas que tienen un poco más de fuerza, de fortaleza, que están aliviadas, pueden jalonar sutilmente, pueden jalonar marchando al lado; es así, es como en el deporte. Uno siente que va a desfallecer y la otra persona está ahí, sin necesidad de decirle a uno «¡Vamos! ¡Usted es capaz! ¡Usted tiene que llegar, usted tiene que lograrlo!» ¡No, No! Es «un poco más, un poco más», es estar ahí, ahí, al mismo nivel, sin forzar demasiado, sin decir «Usted tiene que hacer esto, usted tiene que tomar esto» ¡No! Uno no tiene que hacer nada, uno no tiene que tomar nada, la situación es muy difícil, es muy dura; casi siempre esto es de dolor, casi todas estas enfermedades son un camino de dolor, un camino de dolor que es muy difícil de comprender. Yo aún no lo comprendo. Me hago a la idea de que esto es un camino espiritual, pero aún no entiendo el significado del por qué tiene que ser con dolor; demás que en alguna parte estará el cáliz, la esencia de todo esto. Pero es una cosa muy dolorosa.
Un arma importante es lidiar con el momento y aceptar que el momento no es eterno, que esto no está quieto, que estamos en constante movimiento, o sea, que por muy mal que sea este momento, va a pasar, creo que la esperanza hace parte de esto. Porque por muy mal que me sienta, por el dolor más agudo y más fuerte que pude haber sentido, yo ya tengo el conocimiento de que el dolor no se va a quedar ahí, en algún momento va a pasar ¡y pasa! Entonces después cuando pasa, ya digo «ah! ya pasó, ya pasó». Y puede volver otro, otro igual de intenso, pero igual pasa. No sé con la contraposición, cuando lleguen los momentos felices, porque igual van a pasar momentos felices, pero por el momento es una herramienta muy poderosa que no me deja hundir en la amargura y en la desesperanza. Porque creo que es ahí donde uno se hunde, cuando piensa que ese dolor no va a pasar y entonces uno prefiere la muerte, cuando uno prefiere acabarlo definitivamente.
Entonces siempre y cuando el dolor pueda pasar… No sé más adelante cuando ya el dolor no pase, no pueda pasar, ya ahí sí se complica la cosa; cuando usted está convencido de que el dolor no va a pasar… ya esa etapa no la conozco. Me imagino que ahí la vida, no sé qué sentido pueda tomar, porque no, no se justifica vivir una vida donde usted no tiene esperanza.
Rodolfo: Al menos la esperanza mínima de no sentir dolor.
Gustavo: Sí, es eso, es eso. Entonces, ¿qué prefiere uno? No tener el dolor ¿Y de qué manera no se puede tener el dolor? ¿Es la muerte? Entonces es la muerte, vamos hacia allá. Entonces ya inicia uno ese camino, empieza uno a soñar con eso. Pero si tengo la esperanza de que esto es temporal, de que esto dura unas horas, un día, dos días o tres, o una semana… o un mes, de todas maneras va a pasar.
Por ejemplo, cuando empezaron estos dolores dije «esto dura hasta que me hagan las quimios y un poquito más», entonces estoy esperando a eso. Y esa es la fortaleza mía. Y han habido altibajos, unas veces más otras veces menos. Pero cuando usted ya no tenga esa esperanza, usted diga «No, ya el dolor no se va a quitar» ¿Entonces hacia dónde va uno? Tener valor para soportarlo… Pues no sé, será la otra etapa. No sé, tal vez se aprenda algo nuevo viviendo en el dolor, porque hay gente que ha vivido mucho tiempo en el dolor, ha resistido mucho tiempo en el dolor. Hay gente que sufre de dolor crónico, y están ahí con el dolor, con el dolor, con el dolor… y el dolor no los mata, eso es lo más teso, que el dolor no mata, pero el dolor mata la esperanza. Entonces, de las personas que están al lado de uno, su ayuda es esa, a que uno no sienta dolor… Y si esa ayuda es no hablar…
Rodolfo: También la ayuda puede estar orientada a que lo sienta tranquilamente, el dolor. Porque si hay alguien ahí al lado diciéndole que usted no puede sentir dolor, a que no, a que no, a que no…
Gustavo: Ah sí, sí, sí, o que sea fuerte resistiendo el dolor. Una de las cosas que me preocupaba… En estos días que le dije a mi mamá que llamara a mi hermana, pues el dolor era muy intenso, una de mis preocupaciones para llamar a mi mamá era que ella se pusiera triste. Sabía que ella se iba a poner triste al verme con ese dolor, entonces me preocupaba la forma como ella lo iba a manejar. Cuando vi que ella lo manejó bien, que estuvo calmada, que estuvo ahí, que comprendió que se trataba un trabajo que yo estaba haciendo y se calmó, no la vi desesperada, la vi calmada, eso me ayudó; entonces ya era una preocupación menos. Yo ya había tomado mi solución, veía: «¿Para que llamo a mi mamá? La única solución es llamarla para que me lleve a urgencias, entonces ella no me puede llevar a urgencias. La llamo para que ella llame a mi hermano y él a mi hermana…» Y la llamé porque estaba preocupado de que me diera algo, una tos, un vómito, algo así, y entonces fuera más grave. La llamé para que me cuidara, pero tenía el temor de que ella no aguantara eso. Entonces es una gran ayuda, que la persona ahí presente comprenda, que si hay algo por hacer para el dolor, pues que lo haga; llame al médico, que se administre la dosis y si hay que esperar a que el medicamento actúe, tenga el valor para soportarlo, con paciencia, con valor. Yo le decía a mi mamá, «necesito a mi lado gente que sea optimista, que tenga valor».
Le he agradecido a algunas personas que han venido a visitarme y no me preguntan tanto de mi enfermedad: «-Hola, ¿Cómo estás?- Bien, bien, a listo ya», y hablan de otra cosa, yo agradezco eso. Y también agradezco… Tengo una amiga que me parece muy dura, su papá murió de cáncer, de la tiroides; y ella a través de que el papá fue odontólogo, y a ella le ha gustado la medicina, es muy realista. Estaba seguro de que cuando ella fue a visitarme la primera vez a la clínica, ella sabía que lo que yo tenía era algo relacionado con cáncer… porque ella me decía «¡Y lo que le viene! ¡vienen cosas duras!» cuando yo estaba a punto de salir de la clínica, y yo la miraba… ya pues medio sospechaba. Pero esa dureza a veces se agradece porque no se victimiza ¿sí?…
Rodolfo: No es poner al otro como «pobrecito».
Gustavo: Exacto, no, «vamos! esto hay que trabajarlo, esto hay que trabajarlo». Entre las cosas que leí en varios libros, uno fue el Libro de Espíritus, es que este camino lo escoge uno, lo escoge usted, este camino lo escojo yo. Es una idea que no me disgusta, porque no tengo a quién echarle la culpa, este camino lo elegí yo, esto es resultado de mis actos, son las consecuencias de la forma como manejo mis pensamientos, mis ideas, mis emociones, de la vida que he vivido, de lo que he comido, lo que he sido. Si vamos a hablar en este plano, pongámoslo así: Cómo he manejado mis emociones, cómo me he alimentado, cómo he manejado mi cuerpo, cómo he cuidado mi cuerpo, pongámoslo en este plano. Y si lo queremos poner en un plano espiritual, digamos que antes de llegar a este cuerpo, yo elegí este camino para aprender algo espiritual ¿Entonces de qué me sirve eso? No tengo a quién echarle la culpa. ¿Qué tengo qué hacer? Poner el pecho.
Rodolfo: No hay manera de ponerse como víctima de la situación.
Gustavo: ¡Exacto!
Comer de un mismo pan
El origen etimológico de la palabra «compañía», da una luz sobre lo que podría ser una adecuada compañía. Pareciera que acompañar, ser la compañía de alguien, implica hacer lo mismo que el otro está haciendo, en origen, comer de lo mismo que el otro está comiendo. Esta es, según el Diccionario Etimológico de Joan Coromines, la raíz de la palabra acompañar:
Compañero, 1081. Deriv. del antiguo y dialectal ´compañía´, procedente del latín vulgar COMPAÑÍA íd., derv. de PANIS ´pan´, en el sentido de ´acción de comer de un mismo pan´.
Entonces, si aquel a quien acompañamos esta triste, habría que acompañarlo a estar triste, o a hacer silencio si hace silencio, sentir dolor si siente dolor, estar feliz si está feliz, trabajar si está trabajando; o incluso, si es del caso y aquel otro a quien acompañamos está muriendo, acompañarlo a morir.
En este caso, no se trata pues de comer con aquel que está en el hospital de su misma comida, de aquella comida insípida y aburrida que suelen servir en los hospitales. Se trata de entender que aquel plato no es tan rico de comer, por lo que es posible que, ni ganas de comer ocurran. Comprender entonces el desgano y la dejadez para comer, aquella que puede sentir aquel a quien acompañamos. No es fácil comprender los efectos que puede tener en alguien la situación en la que se encuentra. Pero para esto habrá que entrenar entonces la Empatía:
«La empatía (del griego ἐμπαθής, «emocionado») es la capacidad de percibir, compartir y comprender (en un contexto común) lo que otro puede sentir, preocupándose por experiencias ajenas. También es descrita como un sentimiento de participación afectiva cuando es consciente de que otros pueden ver y pensar de manera diferente». (Empatía, s.f)
Empatía es escuchar, observar al otro, «ponerse en sus zapatos», tratar de imaginar lo que siente, estar atento a sus señales, ánimo y actitud. Así, estar a la par con aquel otro, y por ejemplo, comprender que si hace silencio quizás quiera silencio. En uno de los momentos más dolorosos que mi hermano experimentó, solía sumarse en un profundo silencio y quietud (moverse aumentaba su dolor) volviéndose bastante irritable, el ruido en general, y hasta los pasos de los demás le molestaban. «Cuanto más silencioso te vuelvas, más podrás escuchar», decía alguna vez en una bolsita de té. Así, una persona adolorida y además sumergida en silencio y quietud, puede tener sus sentidos tan agudizados que hasta lo más mínimo de su alrededor puede parecer estruendoso. Para comprender al otro se hace necesario escuchar, y para escuchar hay que hacer silencio, incluso para escuchar lo que el otro no habla.
Cada cosa tiene su momento: Desahogarse
Gustavo (izquierda), Rodolfo (derecha) 2020.
Estar al lado de una persona que sufre una afección como el cáncer requiere de mucha fuerza, sobre todo porque la situación demanda actuar, hay que realizar un sinnúmero de actividades que requieren mucha atención, organización y acción en general por parte de aquellos a cargo de la persona afectada; cumplir citas y asistir a exámenes periódicos, reclamar y organizar los medicamentos, estar atentos de las necesidades del enfermo, hacer filas, esperar, ir de un lado a otro, etc. Todas estas ocupaciones pueden llevar a los cuidadores a contener la expresión de sus emociones; contener el dolor, el llanto, la angustia o la tristeza.
Habrá que tener claro, ni el dolor ni la tristeza son estados que se puedan contener. Solo se puede contener la expresión de dichas emociones, pero no el sentimiento como tal, este se queda allí «guardado», aunque no se exprese. «Guardar» las emociones a menudo produce tensión y sufrimiento, prolonga indefinidamente la emoción y con frecuencia, el cuerpo busca la forma de expresarlas a manera de dolores de cabeza, tensión muscular, enfermedades en la piel, etc. Así, ha de saberse que su expresión, en un momento u otro será necesaria y de gran ayuda. Para que aquellos acompañantes puedan estar en buenas condiciones emocionales, (lo que está directamente relacionado con ser una buena compañía), lo mejor es que los acompañantes procuren sentirse bien, desahogar sus emociones en otros momentos, cuando las crisis han pasado, y muy importante, no olvidarse de sí mismos ni de su propio bienestar. En el campo de las emociones (quizás también en muchos otros), es difícil dar de lo que no se tiene.
«Es forzoso, de consiguiente, que el hombre bueno sea amador de sí mismo, ya que practicando bellas acciones es de provecho a sí mismo, y sirve a los demás» (Aristóteles, 1989).
Olvidarse de sí mismos en favor de los otros puede conducir al daño personal, entonces, para cuidar bien de otros, es indispensable estar en buenas condiciones y sobre todo, no olvidarse del cuidado propio. Epicteto lo dice claramente:
«Si alguna vez sucede que te rebasas a ti mismo por querer complacer a otra persona, ciertamente has perdido tu plan de vida» (Como se cita en Marinoff, 2001, p.177).
Por supuesto que en situaciones críticas esto puede ser difícil, pero habrá que comprender que el cuidador, para acompañar adecuadamente, deberá procurar hasta donde pueda, estar en buenas condiciones tanto físicas como emocionales. Para esto es necesario realizar las acciones pertinentes: En el campo de las emociones, buscar personas con quien hablar de la tristeza que la situación suscita, hablar de la incertidumbre y preocupación, llorar, desahogarse, sacar espacios de esparcimiento… no olvidarse de sí mismos; y sobre todo, no olvidar, que aquel pariente con cáncer no es el único que pasa por una situación dolorosa, en este caso, el dolor se irradia a todas las personas cercanas y, aquellas también deben ser cuidadas.
Aquellos interesados en profundizar sobre las emociones podrán encontrar en mi artículo «A sentir lo que hay que sentir» una buena opción para continuar.
Referencias:
Aristóteles, (1989). La Amistad, la felicidad. Medellín, Colombia: Grafoprint.
Coromines, J. (2008). Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Madrid, España: Gredos.
Aunque la cuarentena haya terminado y se tenga la esperanza de que todo volverá a ser como era antes, cierto es que algo va para largo, el teletrabajo. Unos lo han vivido como una gran novedad, incluso placentera; algunos, los de generaciones más antiguas, vivieron un verdadero reto actualizando sus habilidades tecnológicas; otros, los más introvertidos y de generaciones más recientes, se sintieron perfectamente adaptados. Pero algo sí les fue común a muchos, el aumento de la carga laboral y con ello el aumento del estrés. Encerrados en casa por la cuarentena, no hubo más de otra que trabajar, y entonces, esclavizados por los dispositivos móviles, que en ese entonces eran más bien inmóviles, el trabajador parecía estar como nunca antes, al alcance de la inmediatez de WhatsApp y de los horarios de trabajo extendidos por la viabilidad del estar en casa “disponibles”.
Estrés versus una vida más tranquila: “Sexo al Amanecer”
«Sex at Dawn» es un libro que aborda principalmente las bases prehistóricas de la sexualidad (“Sexo al amanecer” traducido literalmente del inglés). Trata de explicar, y también criticar, muchos de nuestros comportamientos y dificultades actuales; monogamia, infidelidad, promiscuidad, etc. Historia, antropología, evolución y biología son quizás los pilares fundamentales de la discusión. Pero en medio del tema principal, surgen otros muy interesantes. Los autores cuestionan la idea que se ha tenido de la prehistoria humana como un campo de pobreza y guerra generalizado, argumentando justo lo contrario:
«Una revisión poco apasionada del estado del arte, claramente demuestra que los diez miles de años antes del advenimiento de la agricultura, ciertamente no un periodo de felicidad utópica ininterrumpida, fueron caracterizados la mayor parte del tiempo, por una buena salud, paz entre individuos y grupos, bajos niveles de estrés crónico y altos niveles de satisfacción para la mayoría de nuestros ancestros»(Ryan y Jethá, 2010, p. 197).
Citando entonces un buen número de estudios que señalan las dificultades actuales en la sociedad por el exceso de estrés asociado al trabajo, y destacándose Japón como un “buen” ejemplo de esta problemática —en japonés existe una palabra para referirse exclusivamente a aquellos que mueren por esta razón: “Karōshi” 過労死. Literalmente significa “exceso-trabajo-muerte” (Wikipedia, s.f)—, los autores se enuncian a favor de una vida más tranquila, incluso, nombran la fórmula para alcanzar una larga existencia:
«Si cazas y recolectas comida baja en grasa, suficiente como para evitar serios ataques de hambre, y gastas el resto de tu tiempo en actividades de bajo estrés, como contar historias al lado del fuego, tomando siestas abrazando la hamaca y jugando con niños, estarás involucrado en el estilo de vida óptimo para la longevidad humana» (Ryan y Jethá, 2010, p. 124).
El estrés y la falta de asertividad
En términos generales, el problema más común referente al trabajo en los pasados días de cuarentena, fue la dificultad para poner límites a las demandas laborales.Trabajar prudentemente, mesuradamente, hacer pausas, decir “no a esta hora”, no al jefe, parecen prácticas absolutamente necesarias por estos días pero, imposibles para muchos. En la psicología hay una idea bien útil para ayudar a solventar estas dificultades, se conoce como asertividad:
«El concepto de asertividad suele definirse como un comportamiento comunicacional en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos. Es también una forma de expresión congruente, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia» (Wikipedia, s.f).
Hay quienes incluso han adoptado estrategias empresariales que van más allá de la asertividad. Ray Dalio, un empresario norteamericano propone un modelo donde la transparencia es la clave, un modelo donde todas las personas que componen un equipo de trabajo (o empresa) son convocadas a expresar libremente sus opiniones. Dalio dice que este modelo elimina lo que él cree es una de las mayores tragedias de la humanidad, «[…] y eso es, gente ingenua y arrogante conservando opiniones que están equivocadas, actuando con base en ellas sin ponerlas a prueba sobre la mesa». Según su autor, este modelo «nos eleva más allá de nuestras propias opiniones, y así comenzamos a ver las cosas a través de los ojos de los demás, vemos las cosas colectivamente. Tomar decisiones colectivas mejora más las cosas que la toma de decisiones individuales, si se hace bien». Entonces, hablando de bienestar, y no solo del personal, sino también del empresarial, ser asertivo y hablar claramente seguro trae beneficios. Eso sí, hay que tener muy claro si aquel al que se le expresa nuestra opinión es una de estas personas ingenuas y arrogantes, como dice Dalio, que no está dispuesta a escuchar otra opinión diferente a la suya… en ese caso, necesitaríamos que alguien más escribiera un buen artículo del tipo “Cómo cambiar de trabajo cuando tu jefe es arrogante e ingenuo y no fracasar en el intento”.
Aquí está la charla de Ray Dalio en TED “Cómo construir una compañía donde triunfen las mejores ideas”:
Bienestar personal, bienestar laboral
No solo empleados en particular están llamados a velar por su bienestar de manera personal; directores, coordinadores y jefes, lo están también ya con un enfoque colectivo. La mejor manera de hacer que alguien haga bien su trabajo es que aquel esté contento. Así que, ayudar a nuestros empleados a ser más disciplinados y a controlar mejor su tiempo, en general a mejorar personalmente, es algo muy necesario por estos días. Las empresas deben incluir en sus programas este tipo de enseñanzas. Starbucks por ejemplo, tiene un programa para enseñar hábitos disciplinarios y estrategias para lidiar con situaciones estresantes. También han aprendido que dar poder a sus empleados (por ejemplo sobre la ubicación de ciertos objetos o, en el desarrollo de las estrategias a seguir cada vez que un cliente esté descontento), ayuda a la productividad laboral. Estos programas no solo ayudan a las personas a ir mejor con su trabajo, también producen efectos positivos que incluso trascienden a la vida personal de los empleados (Duhigg, 2012, p. 114).
He escuchado historias de trabajadores recibiendo llamadas de sus jefes a las 7 AM para verificar si efectivamente ya se encuentran trabajando al frente del PC, y al contrario, otras sintiéndose super productivas a las 2 de la mañana. «Las personas quieren estar en control de sus vidas» dice Kris Engskov, viceprensidente en Starbucks (Duhigg, 2012, p. 114). Pero cuando alguien, aún en su casa, siente que no puede organizar su tiempo para ser productivo y cumplir con el trabajo (por que las demandas del mismo lo impiden), entonces la sensación de no tener control sobre la vida produce a menudo un sentimiento de frustración que disminuye la capacidad para ejecutar tareas eficientemente. Un poco de libertad en los horarios y un trabajo orientado a cumplir las tareas más que los horarios, pareciera más acorde al teletrabajo. Quizás haya que replantear ahora el “horario de oficina”, pues pareciera que las oficinas están en vía de extinción. Para terminar y volver al tema de la virtualidad, un estudio de Google reveló algunas características que los equipos exitosos —y felices— cumplían a la hora de trabajar a distancia: No hablar solo de trabajo, ser flexibles en los horarios laborales, ser expresivos escuchando a otros y, promover encuentros presenciales. Aquí hay una reseña en español de dicha investigación y aquí está (en ingles) un Google Playbook que da las directrices básicas para un trabajo remoto óptimo donde se expresa esto tan importante. (No pasarlo por alto, la palabra clave aquí es “Prioriza”):
«Prioriza tu bienestar: Enfócate en tu bienestar mientras trabajas desde casa organizando un espacio adecuado para tu oficina y así separa físicamente tu trabajo de la vida de hogar; estableciendo límites en tu día de trabajo para que accidentalmente no trabajes más horas de lo normal; logrando tu meta de “paradas” haciéndolo al menos cada hora. Mindfulness es otra herramienta útil para mejorar el bienestar y la concentración mientras liberas estrés»(Working together when we’re not together: An emplogee’s guide to distributed work, s.f).
En buena parte, está en manos de las empresas velar por el bienestar de sus trabajadores, cosa que difícilmente se cumple. La mayoría de las veces le toca a cada quien velar por su propio bienestar en solitario. Pero en pro de la productividad, si aquello es lo que se quiere, lo mejor, aunque sea difícil de creer a primeras, es trabajar menos. Es más productivo trabajar menos y hacerlo eficientemente que trabajar mucho y hacerlo ineficientemente. Además, está mejor poner límites al trabajo y al estrés en vez de estar enfermos por ahí.
Duhigg, C. (2013). The Power of Habit: Why We Do What We Do in Life and Business [El Poder de los hábitos: Por qué hacemos lo que hacemos en la vida y los negocios]. Random House.
Ryan, C., Jethá, C. (2010). Sex At Dawn: The Prehistoric Origins of Modern Sexuality [Al principio era el sexo: Los orígenes de la sexualidad moderna]. HarperCollings.
La emocionalidad se construye con emociones, emociones que son evocadas por la vida y la experiencia. Es un conjunto deimpulsos, motivaciones, afectos, deseos, relaciones, personas, lugares, sentimientosy todas estas cosas anímicas que mueven a los seres humanos. Ocuparse de la propia emocionalidad, saber un poco más al respecto o aprender a lidiar con sus designios de la manera menos perjudicial, es una actividad que fortalece, embellece la vida y promueve el crecimiento tal como lo hace la práctica de un deporte o una disciplina.
Lamentablemente la educación tradicional no enseña mucho sobre ello; así que la educación emocional que cada quien recibe, viene dada por la manera como el afecto fue dado y recibido, así como por los modelos aprendidos voluntaria o involuntariamente. Usualmente, es solo hasta la adultez, y cuando la emocionalidad perturba, que las personas comienzan a entender que algo al respecto de ellas no está bien. Toca pues, comenzar un nuevo camino, re-educarse a sí mismo, ocuparse de los estragos del pasado, la familia y la historia, y así, elegir nuevamente; aprender lo que se quiere o no para sí, cuestionar la emocionalidad transmitida, aceptada y construida, para así comenzar a formar una diferente, o al menos, modificar un poco la existente.Conocer sobre el funcionamiento emocional y cómo ocuparse de las emociones puede ser el principio para mejorar la emocionalidad cuando el sentir dice que hay que hacerlo. La siguiente es solo una visión sobre las emociones y del hacer con ellas. Existen varias formas de gestionar las emociones, cada quien va eligiendo en el transcurrir de la vida aquella que más se acopla a sus necesidades y capacidades. Pero aquellos curiosos y a la vez necesitados de hacer algo con su emocionalidad casi siempre encontraran un camino, si esto es lo que verdaderamente se quiere (Mischel, 2015. Cap 20).
«Quien tiene un por qué para vivir, encontrará casi siempre el cómo» (Nietzsche. Citado en Frankl, 1979).
El por qué, la razón, puede venir desde muchos lugares; adentro o afuera (si es que tal división es posible), la familia, el amor o simplemente el instinto de salir adelante a pesar de las adversidades. Aunque la razón más simple y efectiva es querer. Puede alegarse que muchos, aunque quieren lograr algo no lo logran, pero si de verdad se quiere, se persiste. Y así, quien quiere, encontrará casi siempre el cómo.
Este es pues, un muy breve acercamiento a la emocionalidad, a las emociones. Es un poco de lo que algunos otros psicólogos dicen o han dicho, pero sobre todo, es una idea general que aparece después de años de búsqueda personal, de muchas preguntas respondidas y de muchas más sin responder que han venido con el transcurrir de la vida (y en esta se incluye, por supuesto, la práctica y experiencia como psicólogo).
Del no saber lo que pasa, a decir lo que pasa
Lo abrumador es algo se hace difícil de definir, las emociones más fuertes tienen este carácter. Así como estar sumergido en el mar o en medio de la niebla, la sensación está por todos lados y en el caso de la niebla, además, no se ve muy bien. Pablo Fernández Christlieb (2000) dice que los seres humanos no tenemos las emociones, sino más bien, que ellas nos tienen a nosotros, que estamos sumergidos en ellas. Esto es, que la emocionalidad es quien dirige el hacer y el ir por la vida. Algo que también había sugerido Einstein muchos años antes:
«Deberíamos procurar no convertir en un dios a nuestro intelecto; por supuesto que tiene unos músculos potentes, pero no tiene personalidad. No puede guiar; sólo puede servir» (Citado por: Lewis, 2001, p.133: Sobre los límites del intelecto. Einstein, 1995, p.260).
¿A quién sirve el intelecto? A la emocionalidad que dicta cuándo no parar, pero más bien, seguir trabajando en esa idea brillante por desarrollar, esa meta por alcanzar o esa chica o chico a quién conquistar. O cuando impulsa al cuerpo a hacer todo lo posible por tener cerca a la persona amada, sirve también a la emocionalidad que impulsa obtener títulos, carros, belleza, el nuevo celular, o solo un poco de tranquilidad. Pareciera que el intelecto, solo es la herramienta que la emocionalidad utiliza para llevar a cabo sus mandatos.En el caso de sentir dolor emocional fuerte (para continuar con el carácter abrumador de las emociones), este no deja hablar a la persona que lo siente. Hay momentos en los que únicamente se puede recurrir al llanto para dejar salir ese dolory, solo después de que este sale (se deja sentir libremente o se duele), la persona puede, lentamente y con dificultad volver a hablar. Entonces, para des-abrumarse, es decir, para empezar a definir las cosas, por lo general se usa el pensamiento, el cual depende en gran parte de las palabras. Así pues, se usan palabras para dibujar las formas de aquello que abruma, que emociona. Pero lamentablemente, en muchos casos, el pensamiento no resulta suficiente para despejar la bruma que cobija a quienes padecen situaciones fuertes y perturbadoras.
Contar lo que pasa primero, entender después
Sea el caso de personas con una buena capacidad para definir y poner en palabras lo que sienten, o el caso de las que no, a veces y en situaciones especiales, se hace difícil expresar las emociones de manera natural. Cuando esto ocurre, cae bien entrenarse enponerle palabras a aquello que pasa, contar las historias, hablar de las tristezas y amarguras. Esto produce una especie de movimiento emotivo, ya que cada vez que una historia es contada, ésta se cuenta diferente: se cambia el orden, las palabras, incluso a veces, la historia misma. Esto, el ejercicio de contar una y otra vez las historias genera una especie de alivio y a su vez “entrenamiento emocional”: mover, sacar, dejar fluir las emociones, sentirlas, digamos, saludablemente. Y como en cualquier cosa que se practique con regularidad y disciplina, pues el resultado es que se hace cada vez mejor.
Poner en palabras las emociones, y sobre todo contarlas, es ya, hacer algo positivo con ellas; además es una herramienta para dar vía natural y alivio al afecto. Si no existe un saber sobre lo que pasa emocionalmente que también sea puesto en una historia contada, el actuar y sentir hacia una mejor emocionalidad está limitado. Cierto que en ocasiones no es necesario entender lo que pasa, basta hablar libremente de ello y con esto la mayoría de las personas se siente mejor. Hablar de las dificultades o problemas, por lo general se siente bien, aunque a veces se sienta más tristeza (lo que es muy bueno si es una tristeza que estaba “olvidada” o “guardada” sin poder salir). Así que está mejor contar, narrar primero lo que pasa, puesto que de allí, muy seguramente saldrá el entender, no al revés.
Las emociones son movimiento
Una buena opción para ayudar al fluir de las emociones es ponerse en movimiento.
“lo que hacemos afecta cómo nos sentimos tanto como lo que sentimos afecta lo que hacemos” (Citado en Shenk, 2009 traducción propia).
Al parecer la emocionalidad funciona en doble vía. Entonces, a pesar de las emociones, hacer cosas que se sientan bien, ayudará efectivamente sentirse bien. Como existe una relación estrecha entre emoción y movimiento, las emociones tienden a liberarse fácilmente a través de una respuesta motora; hacer ejercicio, caminar, pasear, moverse; todo esto es hacer algo con el sentir. Hablar también es una reacción motora, por lo tanto, hacerlo trae bien solo por el hecho de ser movimiento. Quizá sea esta una razón por la cual hablar de las preocupaciones genera más alivio que solo pensarlas.
Algunas investigaciones aseguran que asumir determinadas posturas puede afectar positiva o negativamente el estado de ánimo. Hacer movimientos o posturas que manifiesten estados de alegría pueden generar esta emoción. Así que una manera de procurarse bienestar es poner el cuerpo en posiciones adecuadas para ello. Amy Cuddy es una Psicóloga Norteamericana que se ha dedicado a estudiar este tema. Aquí una charla donde habla sobre los hallazgos en sus investigaciones (Subtítulos en español pueden activarse):
Cuando alguien está tratando de controlar sus emociones, lo que realmente intenta controlar es su reacción a ellas. Esto se hace por medio de la tensión física, puesto que la manera en que las emociones se expresan es a través del movimiento; sea al hablar, con posturas o ademanes. Así, cuando alguien quiere, o cree estar controlando sus emociones, lo que verdaderamente está controlando es el cuerpo, su postura o sus movimientos, pero la emoción sigue ahí, intentando salir; como una mascota ansiosa por escapar, siempre pendiente de la puerta abierta y el descuido de su dueño.
«El que tenga ojos para ver y oídos para oír se convencerá de que los mortales no pueden guardar ningún secreto. Aquel cuyos labios callan, se delata con las puntas de los dedos; el secreto quiere salírsele por todos los poros. Y por eso es muy posible dar cima a la tarea de hacer conciente lo anímico más oculto» (Freud, 1974, p.68).
Cuando esta salida se reprime, es decir, censuramos alguna idea o sentimiento, este se oculta, pero más tarde, busca la manera de salir. Así es pues como aparecen las tristezas que en apariencia no tienen razón o el estrés, a veces el cáncer (Moreno-Smith, 2013), dolores de cabeza, caídas de pelo o enfermedades en la piel. Lo que a sí mismo se oculta, luego, el ser o el cuerpo buscaran decirlo de algún modo.
Por ejemplo es un error tratar de controlar la ira. Es más adecuado “liberar” la tristeza, la inseguridad, el sentimiento de vulnerabilidad o el miedo que puede haber detrás de ella.
«[…] El propósito de la ira es llevar a la acción: a luchar por la supervivencia, o actuar agresivamente en contra de otros, en orden de hacer que ellos se comporten en una manera que resuelva conflictos de interés a favor del individuo iracundo» (Shafir, 2016.) (Traducción propia).
Entender, o mejor, hablar lo que hay tras este impulso sería de más ayuda para “controlar” la ira, que el intento de controlar la ira misma.
Sentir las emociones
Este artículo tiene un propósito fundamental, hacer un llamado a algo elemental: Sentir las emociones y ser más concientes de la fuerza de la emocionalidad. Puede parecer absurda esta sugerencia, pero muchas personas han desarrollado potentes habilidades para negar sus estados emocionales, creyendo que de esta manera estarán mejor. Ocultar la tristeza, el dolor o la inseguridad (para mencionar algunos afectos), termina convirtiéndose en una estrategia que genera estragos y prolonga dolores. Las emociones que se intentan contener y no se les presta salida adecuada, siempre salen causando dificultades.
El remedio natural para las emociones perturbadoras, es sentirlas, dejar que pasen, fluyan, que se muevan por el cuerpo.
«Las emociones nunca están equivocadas; solo las acciones pueden ser equivocadas. Las emociones son una expresión de una nuestra verdad emocional, y la verdad no puede estar equivocada. Ni necesitan ser justificadas. Sólo necesitan ser sentidas» (Easton, 2009. Chapter 13, Roadmaps through jealousy: Whitewater rafting, para 3) (Traducción propia).
Así se hace con la felicidad y por esto mismo es de corta duración. Por lo general pocas personas contienen la felicidad, al contrario, la mayoría la dejan salir libremente. ¿Cuándo alguien en medio de la felicidad se está diciendo «no, no, no, no puedo estar tan feliz porque tengo que ir a trabajar»?
Así, lo mejor, sea feliz o triste, estresado o tranquilo, vaya a trabajar o a hacer lo que deba hacer. Perfectamente se puede estar triste e ir a barrer calles, atender personas, estudiar o lo que sea… dejar la emoción en casa es una utopía, tráigala con usted, mejor sáquela a pasear y compártala con los otros (como se hace típicamente con la felicidad), seguro encontrará quién le acompañe.Gozar de buena y significativa compañía, dicen las investigaciones, aporta más alegría y salud a la vida que la soledad. El estudio más largo y profundo sobre el tema lleva ya 81 años y aún continúa. Estar cerca y convivir con personas queridas, conlleva a una vida más larga, saludable, contenta y tranquila.
«La única cosa que realmente importa en en la vida es tus relaciones con otras personas» (Shenk, 2009) (traducción propia).
Estar bien emocionalmente, definitivamente ayuda tanto a estar bien consigo mismo como con los otros, lo cual, al final, es una sola cosa.
Referencias:
Christlieb, P. F. (2004). La sociedad mental (Vol. 26). Anthropos.
Christlieb, P. F. (2000). La afectividad colectiva. Taurus.
Easton, D., & Hardy, J. W. (2009). The ethical slut, 2nd updated & expanded edition. Berkeley: Celestial Arts.
[Existe una versión en español de este libro]:
Easton, D., & Hardy, J. W. (2013). Ética promiscua: una guía práctica para el poliamor, las relaciones abiertas y otras aventuras. Melusina.
Frankl, V. (1979). El hombre en busca de sentido: conceptos básicos de logoterapia. Barcelona: Herder.
Freud, S. (1974). Obras Completas, Tomo VII: Fragmento de análisis de un caso de histeria. Buenos Aires: Amorrortu.
Lewis, T., Amini, F., & Lannon, R. (2001). Una Teoría General del Amor. Barcelona: RBA.
Mischel, W. (2015). El test de la golosina: cómo entender y manejar el autocontrol. Debate.
Moreno-Smith, M., Lutgendorf, S. K., & Sood, A. K. (2010). Impact of stress on cancer metastasis. [Impacto del estrés en el cáncer metastásico] Future oncology (London, England), 6(12), 1863: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3037818/
Shafir, T.; Tsachor, R. P. & Welch, K. B. (2016). Emotion Regulation through Movement: Unique Sets of Movement Characteristics are Associated with and Enhance Basic Emotions [Regulación emocional a través del movimiento: conjuntos específicos de tipos de movimientos están asociados a, e intensifican emociones básicas]. Frontiers in Psychology: https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2015.02030/full#B63Para ver la lista de referencias de todo el blog ve aquí.