Categoría: Notas

  • Vivir cada día como si fuera el último

    Durante buena parte de la vida he escuchado la idea de que habría que vivir cada día como si fuera el último. La referencia más actual la escuché en la famosa charla que Steve Jobs dio en la Universidad de Stanford en 2005: “Si vives cada día como si fuera el último, ciertamente algún día tendrás razón” [Traducción propia]. Después de todos estos años recordando la idea e intentando comprender sin éxito cómo aplicarla, me crucé con uno de sus autores originales. Al parecer esta idea se le atribuye al estoicismo, a Séneca y a Marco Aurelio.

    Leí a Séneca hace más o menos 20 años; buscaba consuelo para sobrellevar la existencia. Aceptaré que lo logré, pues aún hoy me sorprendo viviendo de algún modo influenciado por su filosofía de vida tranquila y desprolija. Aunque no me desvivo por los placeres ni muero por ellos, cuando llegan a mí, bienvenidos sean. Esto, parafraseando a Séneca en su tratado Sobre la felicidad. Esta idea me ha servido bastante, pues a lo largo de la vida no solo ha sido difícil vivir el presente, también ha sido difícil disfrutar con tranquilidad lo bueno que ha traído. Y como el sufrimiento suele venir de la oposición que le hacemos a él, tal como dice Alan Watts, fue muy buen hallazgo encontrar esta otra idea de Séneca: “Hemos de soportar las cosas propias de los mortales, y no dejarnos perturbar por lo que no está en nuestro poder evitar. Hemos nacido en un reino, obedecer a dios es la voluntad”. Aquí una pequeña salvedad: para Séneca “dios” es “todo lo posible”. Así que si vas caminando por ahí y justo el pájaro tuvo su momento cuando se cruzó contigo, pues sí, eso es posible… es mejor no dejarse perturbar por eso.

    Pero para volver al tema que nos trajo hasta aquí, en Séneca nunca encontré de forma textual una referencia a esto de vivir cada día como si fuera el último, aunque en sus escritos le da vueltas. Solo hasta ahora, leyendo las Meditaciones de Marco Aurelio, la encontré tal cual, acompañada de un poquito de contexto:

    “La perfección del carácter consiste en esto: vivir cada día como si fuera el último, sin agitación, sin desgana y sin fingimiento”.

    Ojalá en mis años de depresión hubiese leído esta idea completa. Marco Aurelio sugiere un para qué vivir cada día como si fuera el último: para perfeccionar el carácter; y en segundo lugar, nos sugiere el cómo hacerlo: “sin agitación, sin desgana y sin fingimiento”. No es que estas ideas nos den la clave absoluta para vivir el presente, pero al menos nos dicen el cómo y el para qué, y eso ya es una buena guía.

    En mi época de depresión —una época que hace parte de un pasado distante y casi que ajeno—, eso de vivir cada día como si fuera el último se daba por desesperanza, por no creer que el futuro traería algo mejor. El único consuelo que quedaba para el día a día era el presente: vivir cada día como si fuera el último y, muchas veces, anhelando que efectivamente lo fuera. Encontrar gusto, satisfacción y placer, sin pensar mucho en el futuro, era la forma más eficiente de distraer el tedio.

    Quizás, haber entendido en aquel entonces que se trataba no tanto de vivir cada día como si fuera el último, sino de vivir cada día entrenando el carácter, sin agitación, sin desgana y sin fingimiento, hubiera acortado un poco el sufrimiento y la depresión. Claramente en aquel entonces me faltaba mucho carácter para aceptar y afrontar la vida tal como era, con sus retos y obligaciones. Así que yo diría: en vez de vivir cada día como si fuera el último, vivir cada día fortaleciendo el carácter, sin agitación, sin desgana y sin fingimiento.

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  • ¿Y en el desamor qué?

    ¿Y en el desamor qué?

    Qué hacer cuando se está en medio de una ruptura amorosa

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    Hace unos años, como 15, en medio de la desesperación y del gran vacío en el pecho, cogí una bicicleta vieja y acabada, con la sutil intuición de que en ella mis penas se disiparían. Decidido a ir lo más lejos posible, me monté en ella, puse un tarro de agua y un par de bananos en una maleta pequeña, y creyendo valientemente que lo lograría, emprendí mi camino hacia San Félix (Para los que no son de Medellín: Medellín es un valle rodeado de montañas, para llegar a San Félix hay que subir la montaña completa). Era la primera vez que intentaba algo así, por lo cual mi aventura no duró mucho. En la primera loma larga que me encontré aún en la ciudad, sencillamente no pude más. Me tocó parar sediento y adolorido después de 20 minutos pedaleando hacia arriba. La cosa fue que, durante esos 20 minutos que intenté escalar al estilo del mejor ciclista colombiano, olvidé por completo la razón que me había puesto en semejante hazaña: Que ella se había enamorado de otro. 

    Así fue entonces, como aprendí a montar en bicicleta. Desde aquel momento y por unos 10 años, deambulé en bicicleta por aquí y por allá buscando sentirme mejor, no fue la cura definitiva, pero ayudó bastante. Entonces, qué hacer cuando pasamos por un desamor, aquí mi fórmula:

    Las culpas, los deseos, nuestra imaginación y sobre todo, ese profundo vacío en el pecho,  impide pensar con claridad en lo que hay que hacer. Pero lo mejor es lograr la practicidad, enfocarse de los problemas prácticos, en el trabajo, en que la vida sigue. “El trabajo es enemigo de cupido” dice Ovidio en el Arte de Amar.

    Moverse es quizás la manera más directa de afectar nuestra emocionalidad, necesitamos disponer de mucha energía mental para mover el cuerpo, bien sea de un lugar a otro, porque necesitamos desplazarnos, o porque estamos, por ejemplo, haciendo ejercicio. Lo cierto es que poner tanta atención el cuerpo libera el pensar, que también es muy demandante en términos atencionales. Al final, la mayor cantidad de atención se irá para quien más lo demande, así es cómo mover el cuerpo por lo general termina ganando. Es por esto que las noches encerrados en la habitación son tan tormentosas, y una caminada suele ser tan tranquilizante.

    En mi experiencia es más efectivo mover el cuerpo, caminar, hacer ejercicio, estar activo, pero trasladarse de un lugar a otro, parece que también tiene un impacto positivo, sobre todo en ese vacío en el pecho. Esto último no calma tanto el sentimiento típico de soledad, como hacer un esfuerzo físico, pero de todas maneras calma el pensamiento. Quizás ver pasar el camino (Digamos si vas en un bus, o en carro) distrae suficiente la atención como para que no se repose tanto en la pérdida. Igual, estos alivios son momentáneos, basta con que pase un segundo, después de parar, para sentir otra vez el peso y la angustia, pero en esto cualquier un rato de calma ayuda. Aquí el tiempo cuenta mucho, pues es este mismo, si te dejas doler lo que tengas por doler, lo que hará que te sientas mejor. Suelo decir a las personas con quien trabajo, que un desamor dura en su peor etapa, dos meses. Parece mucho y a la vez es poco, pero lo cierto es que pasa.

    Por último, quiero señalar que mover el cuerpo alivia por muchas razones. Pero la que más me gusta, la llamo “fuerza atencional”. Para mantener el cuerpo en movimiento, en un lugar u otro, en esta o aquella postura, debes disponer de mucha voluntad. Esa tarea, la de poner la atención sobre el cuerpo, libera de trabajo al resto de procesos emocionales. Es justo esto lo que ayuda a descansar de toda esa angustia inquietante que sentimos cuando hemos perdió esa íntima compañía amorosa. Una emoción que no es para menos. Esta intimidad, esta sensación profunda de que podemos ser profundamente lo que somos, desde lo más animal, hasta lo más delicado con otro, es una emoción muy selectiva, solo nos la permitimos sentir con pocos en la vida. Muchas veces, en la ausencia de esta compinchería profunda, la vida es más difícil y hasta pierde sentido… pero tranquilos, tranquilas; es seguro que se encontrarán luego a otra persona para sentir así de maravilloso, si este es el verdadero deseo. Y además esta nueva persona, suele ser una persona que sentimos mejor, sobre todo porque con el tiempo y las experiencias nos volvemos también mejores.

    Así que ánimo, siempre habrá otras personas lindas por conocer… aunque tarden un poco en llegar. ​

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    Si quieres profundizar sobre el desamor, escribí un artículo completo inspirado en esta nota. Leelo aquí.